Respuesta corta: la inmensa mayoría de las fracturas de vértebras consolidan solas, sin cirugía. El hueso se repara por sí mismo, y el tratamiento se ocupa de otra cosa: controlar el dolor, mantenerte en movimiento y proteger la columna el tiempo justo, a veces con un corsé. La cirugía —vertebroplastia, cifoplastia o fijación con tornillos— es minoritaria y se reserva para casos concretos. Y hay una parte que casi nunca se explica y que es la que de verdad cambia tu futuro: tratar la osteoporosis que ha provocado la fractura.
Antes de nada: cuándo esto es una urgencia
Esto va primero porque es lo más importante de toda la página. Una fractura vertebral puede acompañarse de problemas que no se arreglan con reposo ni con analgesia y que necesitan atención médica el mismo día. Si te reconoces en alguno de estos puntos, deja de leer y busca valoración urgente.
🚨 Signos de compresión de la médula o de la cola de caballo. Urgencias hoy, sin esperar:
Pérdida de fuerza en una o en las dos piernas, tropezar, arrastrar el pie o no poder levantarte.
Adormecimiento «en silla de montar»: periné, genitales, nalgas o cara interna de los muslos. Una pregunta muy práctica: ¿notas raro al limpiarte o al sentarte en el váter?
Retención de orina: la vejiga se llena pero no aparecen las ganas de orinar. También el goteo por rebosamiento.
Incontinencia de orina o de heces de nueva aparición, o no controlar los gases.
Pérdida de sensibilidad genital o disfunción sexual nueva.
Cualquier déficit neurológico que empeore en horas o en días.
No es una consulta para la semana que viene: en un síndrome de cola de caballo agudo el objetivo es descomprimir dentro de las primeras horas, y ese margen condiciona el pronóstico.
🚨 Sospecha de que la fractura no sea «solo» osteoporosis. Valoración urgente:
Antecedente de cáncer (mama, próstata, pulmón, riñón, tiroides, mieloma) o un cáncer en estudio.
Dolor dorsal de nueva aparición, o dolor lumbar que va a más y no remite en absoluto.
Dolor «en banda» alrededor del tórax o del abdomen.
Dolor nocturno que no deja dormir, o que empeora al toser, estornudar o hacer fuerza.
Dolor a la presión justo sobre una vértebra concreta.
Pérdida de peso sin explicación, sudoración nocturna o dolor en varios huesos a la vez.
En una persona con cáncer conocido, las guías clínicas piden contacto con su equipo en menos de 24 horas, y el mismo día si aparece cualquier signo neurológico: la compresión medular por metástasis es una urgencia oncológica.
🚨 Sospecha de infección: fiebre, escalofríos o sudoración nocturna; dolor de espalda que empeora con el reposo y por la noche en vez de mejorar; enrojecimiento, calor o supuración sobre la zona. Es más probable si hay inmunodepresión, diabetes mal controlada, una infección reciente o un procedimiento en la columna hace poco, como una infiltración o una cirugía.
🚨 Sospecha de fractura inestable: traumatismo de alta energía, como un accidente o una caída de altura; fractura en una persona con espondilitis anquilosante o DISH, donde cualquier fractura debe considerarse inestable; dolor que no cede nada con el reposo y la analgesia pautada, o que va en aumento; dolor nuevo e intenso después de una temporada de mejoría; deformidad nueva, pérdida visible de estatura o una joroba que progresa; dificultad para respirar; fractura vertebral en un menor de 20 años, o en un mayor de 50 sin un golpe que la explique; uso crónico de corticoides.
Cómo consolida una vértebra aplastada
Una vértebra no se parece a una muñeca ni a un tobillo. El cuerpo vertebral es un bloque de hueso esponjoso —una malla de trabéculas rellena de médula— envuelto en una capa fina de hueso más compacto. Cuando esa malla falla bajo la carga, lo hace casi siempre por delante, y la vértebra pierde altura en su parte anterior: es el clásico acuñamiento, y de ahí los nombres de fractura por compresión o «aplastamiento». Entre el 60 % y el 75 % ocurren en la charnela toracolumbar, la zona de transición entre la espalda dorsal y la lumbar, alrededor de T12, L1 y L2.
Aquí está la diferencia clave con otras fracturas: la columna no se puede escayolar. Nadie inmoviliza una vértebra como se inmoviliza un radio. Lo que ocurre es que el hueso esponjoso, muy vascularizado, va rellenando y remineralizando la zona colapsada mientras el resto de la columna, la musculatura y, si se usa, la ortesis reparten la carga. La consolidación sucede por tanto en la posición en la que ha quedado la vértebra: con tratamiento conservador la altura perdida no se recupera, y conviene saberlo desde el principio para no esperar algo que no va a ocurrir.
En un hueso osteoporótico el proceso es además más lento y menos completo. La fase de mineralización se alarga, los osteoblastos trabajan menos en relación con los osteoclastos y el callo que se forma está peor organizado y es mecánicamente más débil. Que la fractura ha curado se comprueba con la clínica y con la imagen: ausencia de deformidad progresiva en una radiografía hecha de pie, consolidación en el TAC y, en la resonancia, la desaparición de la señal brillante del edema en las secuencias STIR. Lo de la radiografía en bipedestación no es un capricho: tumbado, la deformidad se ve menor de lo que es, y eso explica que a veces en urgencias «pareciera menos» que en la revisión posterior.
El tratamiento conservador, que es el de la mayoría
La primera pieza es el control del dolor, porque sin él no hay movimiento posible. Se usa paracetamol, antiinflamatorios —con cautela en personas mayores, por el riesgo renal y gástrico— y, cuando hace falta, opioides en pauta corta y vigilada. El objetivo no es que no duela nada: es que duela lo bastante poco como para poder levantarte, andar por casa e ir al baño sin depender de nadie.
La segunda pieza sorprende a mucha gente: no hay que quedarse en la cama. El reposo prolongado es uno de los peores tratamientos posibles aquí, porque acelera la misma pérdida de masa ósea que ha provocado la fractura y añade riesgo de trombosis venosa, neumonía, úlceras por presión y un desacondicionamiento físico del que a una persona mayor le cuesta muchísimo volver. Se descansa lo que haga falta los primeros días, pero el plan es levantarse y moverse cuanto antes, aunque sea poco y despacio.
La tercera pieza, y la más discutida, es la ortesis: un corsé tipo TLSO para las fracturas dorsales y lumbares altas, o una ortesis lumbosacra para las lumbares bajas. Se retira cuando el dolor ha cedido y la imagen confirma la curación. Y aquí toca ser honesto: la evidencia de que el corsé mejore el resultado final es limitada. Se han publicado series en las que los propios autores reconocen que no pueden distinguir el efecto de la ortesis de la recuperación natural, y hay ensayos en marcha precisamente para aclararlo. Ayuda al dolor de muchos pacientes y por eso se usa mucho, pero es una decisión de tu médico para tu caso concreto, no una obligación universal.
La rehabilitación: qué se trabaja y qué conviene evitar
Cuando el dolor lo permite entra la fisioterapia, y el trabajo tiene una dirección muy concreta: extensión, no flexión. Se entrena la musculatura extensora de la espalda y se enseña a moverse evitando lo que más carga la parte anterior del cuerpo vertebral, que es justo la que ha fallado: doblar el tronco hacia delante con peso, girar cargado o coger algo del suelo curvando la espalda. Se sustituye por gestos que usan las caderas y las rodillas, y por trucos domésticos que parecen tonterías y cambian el día a día: rodar en la cama en bloque, incorporarse de lado, acercar el peso al cuerpo antes de levantarlo.
La otra mitad del trabajo, y la que más impacto tiene a largo plazo, es el equilibrio y la prevención de caídas: fuerza de piernas, marcha, revisión de la vista, de la medicación que produce mareo y de las alfombras y la iluminación de casa. Si la cifosis es importante también se trabaja la respiración, porque una espalda muy encorvada deja menos espacio al tórax para expandirse. Y si una vez pasada la fase aguda queda un dolor de espalda de fondo, ese es otro escenario distinto, con sus propias reglas: lo tratamos en la guía de magnetoterapia para el dolor lumbar crónico.
Cuándo se opera: vertebroplastia, cifoplastia y fijación
Hay dos familias de cirugía y no se plantean por lo mismo. Las técnicas con cemento buscan el dolor que no cede: la vertebroplastia inyecta cemento en el cuerpo vertebral para estabilizarlo, sin recuperar altura; la cifoplastia hincha antes un balón, recupera parte de la altura perdida, corrige mejor la angulación del segmento y tiene menos fugas de cemento. En el mieloma múltiple se prefiere la cifoplastia y de forma precoz.
Conviene saber que no es un terreno indiscutido. La revisión Cochrane más reciente sobre vertebroplastia en fracturas osteoporóticas concluye, con evidencia de calidad moderada, que no respalda su uso en la práctica habitual cuando se compara con un procedimiento simulado; existe una réplica publicada que defiende que sí aporta beneficio en el subgrupo tratado de forma precoz y con dolor grave, y el debate sigue abierto. Además tiene contraindicaciones claras —fractura en estallido con afectación del muro vertebral posterior, compromiso neurológico, infección espinal, alteraciones de la coagulación— y complicaciones posibles: fuga de cemento, casi siempre sin síntomas pero excepcionalmente con lesión neurológica o embolia, y fracturas del nivel de al lado.
La segunda familia es la fijación, y esa no se decide por el dolor sino por la estabilidad: instrumentación con tornillos y barras, más o menos extensa según el patrón de la fractura y a veces reforzada con cemento en el hueso osteoporótico. Es la razón de que existan escalas como el OF Score o el TLICS, que puntúan la fractura para orientar esa decisión. Si a ti ya te han operado y llevas material dentro, tienes el detalle en la guía de magnetoterapia tras osteosíntesis con placas y tornillos.
Tratar la osteoporosis: la parte que de verdad cambia el pronóstico
Si de toda esta página te quedas con una sola idea, que sea esta: la fractura es la señal; la osteoporosis es la enfermedad. Una vértebra que se rompe al agacharse, al toser o al sentarse de golpe está avisando de que el hueso ya no aguanta cargas normales. Curar esa vértebra y no hacer nada más es dejar el problema intacto y esperar a la siguiente.
Los números lo explican mejor que cualquier consejo. En el seguimiento del ensayo MORE, el riesgo de sufrir una nueva fractura vertebral en los tres años siguientes fue del 10,5 % tras una fractura leve, del 23,6 % tras una moderada y del 38,1 % tras una grave. Es lo que se conoce como la cascada de fracturas, y en buena parte es evitable.
Por eso el tratamiento con más impacto real no es el que se aplica sobre la espalda, sino el que se toma: calcio, vitamina D y un fármaco antirresortivo o anabólico cuando está indicado, con un estudio previo —densitometría y analítica— que confirme el diagnóstico y descarte otras causas de fragilidad. Y aquí está el gran agujero: mucha gente sale de urgencias con analgesia y una faja y nadie le estudia la osteoporosis. Si es tu caso, o el de tu madre o tu padre, pídelo expresamente en la siguiente consulta.
¿Y la magnetoterapia? Lo que se puede decir con honestidad
Toca hablar de lo que hacemos nosotros, y con la misma vara de medir. La magnetoterapia —campos magnéticos pulsados, PEMF— se plantea en una fractura vertebral como un coadyuvante para el dolor durante una recuperación larga. No sustituye ni puede sustituir el control médico, el corsé, la rehabilitación, la cirugía cuando está indicada ni el tratamiento de la osteoporosis.
Y la evidencia en esta localización concreta es escasa. Existe un solo ensayo publicado en fracturas vertebrales: 82 mujeres posmenopáusicas, todas ellas ya operadas de vertebroplastia, y con un problema de diseño que lo condiciona todo, porque el grupo control no recibió ningún aparato placebo y las pacientes sabían perfectamente si estaban recibiendo tratamiento; ni siquiera se informa de cuántos minutos duraba cada sesión. Con eso no se puede afirmar nada firme. Hay además una confusión muy extendida que conviene deshacer: el mejor estudio publicado en fracturas vertebrales por fragilidad no es de magnetoterapia, sino de estimulación biofísica por acoplamiento capacitivo, que es otra tecnología, otro aparato y otra dosificación. Sus buenos resultados no son trasladables a los campos magnéticos. Y en el conjunto de las fracturas, el mejor metaanálisis con grupo placebo encuentra una mejoría del dolor de 7,7 mm en una escala de 100, por debajo del umbral que suele considerarse clínicamente relevante, y ninguna diferencia en función.
A eso se añade un detalle físico que casi nadie menciona: el cuerpo vertebral no es un hueso superficial. Está detrás de toda la masa muscular paravertebral, y la intensidad del campo disminuye con la distancia al aplicador. No hay ningún estudio que haya medido cuánta señal llega realmente al foco de una fractura vertebral con un equipo domiciliario. Es una limitación honesta y prefiero decirla.
Por eso hay una regla que no nos saltamos: no se aplica magnetoterapia sobre una fractura vertebral cuya causa no esté aclarada. Entre un 8 % y un 20 % de quienes consultan por una fractura vertebral por compresión acaban teniendo una causa maligna —metástasis, mieloma—, y el otro gran diagnóstico alternativo es la infección. Si no se sabe por qué se ha roto la vértebra, por definición no se puede descartar un tumor ni una infección activa, que son contraindicaciones aceptadas. Pero el riesgo de verdad no es el campo magnético: es que sientas que «ya te estás tratando» y se retrasen semanas las pruebas que sí cambian tu pronóstico. Antes de empezar tiene que haber una imagen que confirme la fractura, un médico que haya establecido por qué se ha producido y una indicación suya o de un fisioterapeuta que conozca el caso.
En cambio, el cemento de una vertebroplastia y los tornillos de una fijación no son contraindicación: son materiales no ferromagnéticos y esto no es una resonancia magnética, que trabaja en teslas frente a los militeslas de un equipo doméstico, del orden de mil veces menos. Aun así hay que declararlos siempre. Sí son contraindicación absoluta el marcapasos y cualquier implante electrónico activo, algo que en la espalda hay que preguntar de forma explícita, porque quien tiene dolor crónico puede llevar un neuroestimulador medular o una bomba de morfina alojados justo debajo del aplicador; también el embarazo, un tumor activo, una infección o una hemorragia en la zona. Puedes repasarlas todas en las contraindicaciones de la magnetoterapia.
Alquiler de magnetoterapia en tu ciudad
Si tu médico te ha indicado magnetoterapia, en la práctica se aplica a diario y durante varias semanas —conviene repetir que para la columna no hay ningún protocolo validado, así que la pauta la marca quien lleva tu caso—, y por eso la mayoría de nuestros pacientes prefiere alquilar el equipo de magnetoterapia y hacer las sesiones en casa, algo especialmente práctico cuando moverse cuesta. Cuánto dura cada fase y cuándo hay que preocuparse porque el dolor no mejora lo detallamos en cuánto tarda en sanar una fractura de vértebras. Entregamos a domicilio en las 47 provincias peninsulares. Estas son las capitales desde las que más nos escriben:
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Preguntas frecuentes
¿Se cura sola una fractura de vértebra?
En la mayoría de los casos sí: el cuerpo vertebral es hueso esponjoso muy vascularizado y consolida por sí mismo, sin cirugía y sin que se pueda escayolar nada. Lo que hace el tratamiento es controlar el dolor, proteger la columna y mantenerte en movimiento mientras eso ocurre. Curarse sola no significa curarse sin control médico: hace falta seguimiento y aclarar por qué se ha roto.
¿Hay que hacer reposo en cama con una fractura vertebral?
No, y es uno de los errores más frecuentes. Más allá de los primeros días de dolor intenso, el reposo prolongado en cama acelera la pérdida de masa ósea y añade riesgo de trombosis, neumonía, úlceras por presión y pérdida de autonomía. El objetivo es levantarse y moverse cuanto antes, poco a poco y con el dolor controlado, siguiendo lo que te indique tu médico.
¿Es obligatorio llevar corsé?
No es una obligación universal. El corsé ayuda al dolor de muchos pacientes y por eso se usa mucho, pero la evidencia de que mejore el resultado final es limitada y hay ensayos en marcha para aclararlo. Es una decisión de tu médico según tu fractura, y se retira cuando el dolor ha cedido y la imagen confirma que la vértebra ha curado.
¿Me van a tener que operar?
En la mayoría de los casos, no. La vertebroplastia y la cifoplastia se plantean sobre todo cuando el dolor no cede pese al tratamiento correcto, y no son procedimientos indiscutidos: la revisión Cochrane más reciente no respalda su uso rutinario frente a un procedimiento simulado. La cirugía de fijación con tornillos se reserva para fracturas inestables o con afectación neurológica.
¿La vértebra vuelve a su forma original?
Con tratamiento conservador, habitualmente no: consolida en la posición en la que quedó y conserva parte de la pérdida de altura. Eso no significa que no vayas a recuperarte, porque el dolor y la función mejoran igual. La cifoplastia con balón sí recupera parte de esa altura, pero es una intervención con indicaciones concretas, no algo que se haga de rutina.
¿Por qué me ha pasado si no me he caído?
Es lo más habitual en el hueso osteoporótico: la vértebra falla con cargas normales, al agacharse, coger una bolsa, toser o sentarse de golpe. Se estima que alrededor del 30 % de las fracturas vertebrales ocurren incluso estando la persona en la cama. Precisamente por eso, una fractura sin un golpe que la explique obliga a estudiar el hueso y a descartar otras causas.
¿Por qué insisten tanto en estudiar la osteoporosis?
Porque es la enfermedad de fondo y es lo que más cambia tu futuro. Tras una primera fractura vertebral, el riesgo de sufrir otra en los tres años siguientes fue del 10,5 % si era leve, del 23,6 % si era moderada y del 38,1 % si era grave. El calcio, la vitamina D y el fármaco que corresponda reducen ese riesgo; la analgesia sola, no.
¿Puedo usar magnetoterapia si me han puesto cemento o tornillos?
El cemento de una vertebroplastia y los tornillos de una fijación no contraindican la magnetoterapia: son materiales no ferromagnéticos y esto no es una resonancia, que trabaja con campos miles de veces más intensos. Aun así hay que declararlo siempre antes de empezar. Lo que sí contraindica es el marcapasos o cualquier implante electrónico activo, incluidos neuroestimuladores y bombas de infusión.
La opinión de nuestro fisioterapeuta
Cuando me escriben por una vértebra aplastada, casi nunca me escribe el paciente: me escribe su hijo o su hija. Y la pregunta que hay debajo casi nunca es cuánto duele, sino si su madre va a poder seguir viviendo sola. Lo digo porque condiciona toda la conversación: el miedo de fondo aquí es perder la autonomía, no el dolor. Por eso insisto tanto en las dos cosas menos espectaculares del tratamiento —levantarse de la cama y trabajar el equilibrio— y en la que casi nadie ha puesto en marcha cuando llegan a mí, que es el estudio de la osteoporosis.
Con la magnetoterapia prefiero ser sincero aunque sea mi trabajo: en la columna no puedo prometer nada sobre la consolidación. Hay un solo estudio, con un diseño flojo, y el mejor trabajo publicado en estas fracturas ni siquiera es magnetoterapia. Lo que sí veo es que ayuda a llevar mejor el dolor durante unas semanas duras, que se aplica en casa y que el campo atraviesa la ropa y el corsé sin quitar nada, y eso tiene valor cuando moverse cuesta. Ahora bien, hay una línea que no cruzo: si nadie ha explicado todavía por qué se ha roto esa vértebra, no empiezo. Primero el diagnóstico y, si procede, después hablamos del alquiler de magnetoterapia.
Otras dudas frecuentes
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica profesional. Consulta siempre con tu traumatólogo o fisioterapeuta antes de iniciar cualquier tratamiento.
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