Fractura vertebral: tipos, plazos y recuperación

Por Enric Gallofré, fisioterapeuta y osteópata colegiado nº 11099 · Actualizado: 26 de julio de 2026

Respuesta corta: una fractura vertebral es el hundimiento del cuerpo de una vértebra, y la mayoría —sobre todo las que ocurren por aplastamiento en hueso osteoporótico— se tratan sin cirugía: analgesia, movimiento precoz y, a veces, un corsé. El dolor agudo suele durar entre 4 y 8 semanas y la columna vuelve a tolerar carga normal hacia las 8-12 semanas. Lo que de verdad marca tu evolución no es ningún aparato: es que esté claro por qué se ha roto esa vértebra y que se trate esa causa.

Cuándo una fractura vertebral es una urgencia

Esto va lo primero, y no al final, por un motivo: son los síntomas que no pueden esperar a la revisión de la semana que viene. Si te reconoces en alguno de ellos, deja de leer y busca atención médica.

Acude hoy mismo a urgencias si con una fractura vertebral —o con un dolor de espalda nuevo e intenso— aparece cualquiera de estos signos:

1. Compresión medular o de cauda equina. Pérdida de fuerza en una o en las dos piernas, tropezar o arrastrar el pie; adormecimiento «en silla de montar» —periné, genitales, cara interna de los muslos y nalgas: notarlo raro al limpiarte o al sentarte en el váter—; retención de orina (la vejiga se llena pero no aparecen las ganas), goteo por rebosamiento, incontinencia urinaria o fecal nueva, no controlar los gases, pérdida de sensibilidad genital, o cualquier déficit neurológico que empeore en horas o días. En una cauda equina aguda se considera que el mejor pronóstico está en descomprimir dentro de las primeras 6 horas: no es «que lo vea el médico la semana que viene».

2. Sospecha de causa tumoral. Antecedente conocido de cáncer (mama, próstata, pulmón, riñón, tiroides, mieloma), dolor dorsal de nueva aparición, dolor en banda alrededor del tórax o el abdomen, dolor nocturno que impide dormir, dolor que empeora al toser o al hacer fuerza, dolor a la palpación sobre una vértebra concreta, pérdida de peso no explicada o dolor en varios puntos del esqueleto a la vez. En una persona con cáncer conocido y estos síntomas, el contacto con su equipo debe producirse en menos de 24 horas: la compresión medular metastásica es una urgencia oncológica.

3. Sospecha de infección. Fiebre, escalofríos o sudoración nocturna, y dolor de espalda que empeora con el reposo y por la noche en lugar de mejorar. El aviso pesa más si hay diabetes mal controlada, inmunodepresión, consumo de drogas por vía intravenosa o una infiltración, una cirugía o una infección recientes.

4. Sospecha de inestabilidad. Traumatismo de alta energía, dolor que no cede en absoluto con el reposo y la analgesia pautada, dolor nuevo e intenso después de un periodo de mejoría, deformidad o joroba que progresa, pérdida visible de estatura o dificultad para respirar. Y un caso concreto: en personas con espondilitis anquilosante o DISH la columna es rígida y quebradiza, y cualquier fractura debe tratarse como inestable hasta que se demuestre lo contrario.

Radiografía lateral de columna lumbar con una fractura por compresión de L4 señalada con una flecha
Radiografía lateral de la columna lumbar: la flecha señala el cuerpo de L4, hundido por una fractura por compresión. Imagen: James Heilman, MD · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Qué es una fractura vertebral y por qué ocurre

Cada vértebra tiene delante un bloque de hueso —el cuerpo vertebral— que soporta el peso de todo lo que queda por encima. Cuando ese bloque falla bajo carga, se hunde por su parte anterior y adopta una forma en cuña: eso es una fractura vertebral por compresión. No es un hueso «partido en dos», sino un hueso que ha cedido y ha perdido altura. Es muchísimo más común de lo que parece: la prevalencia pasa del 3% por debajo de los 60 años a alrededor del 20% por encima de los 70, una de cada cuatro mujeres de 50 años o más tiene al menos una, y entre los mayores de 80 la cifra llega al 40-50%. Entre el 60% y el 75% se localizan en la charnela toracolumbar (T12-L2), justo donde la columna dorsal, rígida, se encuentra con la lumbar, móvil. Muchas ni siquiera dan síntomas y se descubren por casualidad en una radiografía hecha por otro motivo.

Distinguir por qué se ha producido es lo que ordena todo lo demás, y hay tres grandes escenarios. El primero, y con diferencia el más frecuente, es la fractura osteoporótica por aplastamiento: el hueso está debilitado y cede con un gesto mínimo o sin gesto ninguno —agacharse, levantar una bolsa, un golpe de tos, sentarse de golpe—, hasta el punto de que se estima que un 30% de estas fracturas ocurre estando la persona en la cama. El segundo es la fractura traumática, propia de gente más joven: cerca de la mitad se debe a accidentes de tráfico y en torno a una cuarta parte a caídas de altura, y aquí siempre hay que descartar inestabilidad.

El tercer escenario es la fractura patológica, en la que el hueso se rompe porque hay una enfermedad dentro: metástasis o mieloma múltiple, sobre todo. La columna es asiento de metástasis en el 10-15% de los cánceres, y en distintas series entre un 8% y un 20% de las personas que consultan por una fractura vertebral por compresión acaba teniendo una causa maligna. No es una rareza teórica: según la serie, es entre una de cada doce y una de cada cinco personas.

Los cuatro patrones de Denis: no todas son iguales

La forma de clasificar estas fracturas que sigue usándose en los informes divide la vértebra en tres «columnas» imaginarias de delante hacia atrás. La clave está en la del medio, donde se encuentra el muro posterior del cuerpo vertebral: es la pared que separa el hueso del canal por donde bajan la médula y las raíces nerviosas. Que esa pared esté intacta o rota es la diferencia entre una fractura que se maneja en casa y una que exige un TC y una decisión quirúrgica. De ahí salen los cuatro patrones clásicos de Denis.

PatrónQué le pasa a la vértebraMecanismo típicoQué implica
Compresión (acuñamiento)Se hunde solo la parte anterior; el muro posterior queda íntegroOsteoporosis, esfuerzo mínimo, caída sentadoLa más frecuente y la más benigna; casi siempre tratamiento conservador
Estallido (burst)El cuerpo revienta y se rompe también el muro posterior; algún fragmento puede desplazarse hacia el canalCarga axial: caída de altura, accidenteEs la que concentra el riesgo neurológico; obliga a TC y a valorar cirugía
Flexión-distracción (Chance, «del cinturón»)La vértebra se abre por detrás como un libro mientras se comprime por delanteDesaceleración brusca con cinturón de dos puntosInestable; se asocia a lesiones abdominales que hay que descartar
LuxofracturaFallan las tres columnas y una vértebra se desplaza sobre la otraTraumatismo de alta energíaLa más inestable y la de mayor tasa de lesión neurológica; cirugía

Para quien lee esto desde casa, lo práctico es quedarse con dos ideas. La primera: si tu informe habla de acuñamiento o de fractura por compresión sin más, estás en el patrón más favorable. La segunda: si aparece la palabra estallido o se menciona afectación del muro posterior, ese detalle cambia las decisiones —entre otras cosas, la fractura en estallido es una contraindicación formal de la cifoplastia, igual que lo son el compromiso neurológico actual, la infección espinal y los trastornos de la coagulación—. En las fracturas osteoporóticas se usan además otras escalas que quizá veas escritas: la de Genant gradúa la gravedad por la altura perdida (leve entre el 20% y el 25%, moderada entre el 25% y el 40%, grave por encima del 40%), y la clasificación OF, con su puntuación asociada, es la que orienta si el caso se maneja sin cirugía o con ella.

Cuánto tarda en curar y qué recuperación esperar

Los plazos que siguen son orientativos y describen el curso habitual de una fractura por compresión no complicada; tu caso puede desviarse en ambos sentidos.

HitoPlazo orientativo
Dolor agudo intenso4-8 semanas
Consolidación clínica: ya no duele de forma aguda y tolera carga normal8-12 semanas
Corsé u ortesis, si te lo han pautado4-12 semanas (hasta 3 meses en la práctica habitual)
Molestia muscular residual y recuperación de la resistenciaVarios meses

Hay dos matices que explican bastantes frustraciones. Uno: en hueso osteoporótico la consolidación es más lenta e incompleta, porque la fase de mineralización se alarga y los osteoblastos —las células que fabrican hueso— trabajan menos que los osteoclastos, que lo reabsorben. Dos: la radiografía tumbado subestima la deformidad, y por eso las de control se hacen de pie; es la razón de que en urgencias «pareciera menos» que en la revisión. La curación se da por buena cuando no hay deformidad progresiva en la radiografía en bipedestación, el TC muestra consolidación y desaparece la hiperseñal en las secuencias STIR de la resonancia, que es la misma señal que se ve en un edema óseo. También es normal que algunas fracturas den un segundo episodio de dolor entre la sexta y la decimosexta semana y molestias que van y vienen durante meses.

Y el mensaje que, si me tuviera que quedar con uno, sería este: la fractura es la señal; la osteoporosis es la enfermedad. El riesgo de sufrir una nueva fractura vertebral en los tres años siguientes depende de la gravedad de la primera: se ha estimado en un 10,5% tras una fractura leve, un 23,6% tras una moderada y un 38,1% tras una grave. Salir de urgencias con un analgésico y sin que nadie haya estudiado la osteoporosis es, hoy, el agujero más grande del tratamiento de esta lesión. Si es tu caso, pide esa valoración.

El tratamiento estándar: qué se hace y qué no está tan claro

La mayoría de las fracturas por compresión se tratan sin cirugía, y ese tratamiento tiene cuatro patas. La analgesia (paracetamol, antiinflamatorios con cautela en personas mayores por el riesgo renal y gástrico, y opioides en pautas cortas si hace falta). La movilización precoz: el reposo prolongado en cama no es neutro, acelera la pérdida ósea y añade riesgo de trombosis, neumonía, úlceras por presión y desacondicionamiento general, así que el objetivo es levantarse cuanto antes con el dolor controlado. La ortesis, que será un corsé toracolumbar o una faja lumbosacra según la altura de la fractura, y que se retira cuando cede el dolor y la imagen acompaña; aquí toca ser honesto: el corsé se usa mucho y ayuda a muchas personas con el dolor, pero la evidencia de que mejore el resultado final es limitada, y es una decisión de tu médico, no una obligación universal.

La cuarta pata es la que más impacto real tiene a largo plazo: tratar la osteoporosis con calcio, vitamina D y el fármaco antirresortivo o anabólico que corresponda. Y la fisioterapia completa el cuadro con trabajo en extensión, evitación de flexiones y rotaciones cargadas, equilibrio, prevención de caídas y trabajo respiratorio si hay cifosis.

Cuando el dolor no cede aparecen sobre la mesa las técnicas de refuerzo vertebral. La vertebroplastia inyecta cemento para estabilizar el cuerpo vertebral; la cifoplastia abre antes un balón, corrige mejor la angulación del segmento y tiene menos fuga de cemento. Merece la pena saber que no son procedimientos indiscutidos: la revisión Cochrane más reciente, comparando frente a un procedimiento simulado y con evidencia de calidad moderada, no respalda el uso rutinario de la vertebroplastia en la fractura vertebral osteoporótica, aunque existe una réplica publicada que defiende su valor en el subgrupo de pacientes tratados de forma precoz y muy afectados. El debate sigue abierto. Entre las complicaciones descritas están la fuga de cemento (habitualmente asintomática), las lesiones neurológicas o embólicas por esa fuga —raras pero graves— y la fractura del nivel adyacente. Por encima de todo eso, cuando hay inestabilidad o compromiso neurológico la conversación deja de ser sobre cemento y pasa a ser sobre fijación con tornillos y barras.

Por qué no debes aplicarte nada si no está aclarada la causa

Esta es, probablemente, la parte más útil de toda la página, y va antes de hablar de magnetoterapia a propósito. Si tienes una vértebra hundida y nadie te ha explicado por qué, el problema no se resuelve con un aparato. Hay tres razones, en orden de importancia. La primera es la que ya has leído más arriba: una fractura vertebral sin causa clara puede ser patológica, y en distintas series entre el 8% y el 20% de quienes consultan por una acaba teniendo un tumor detrás; el otro gran diagnóstico alternativo es la infección. Ambas cosas requieren estudios —resonancia, analítica, proteinograma— y tratamientos completamente distintos. El daño de empezar un tratamiento domiciliario en ese punto no es el campo magnético: es que la persona sienta que «ya se está tratando» y retrase semanas la prueba que sí cambia su pronóstico.

La segunda razón es de pura lógica: el tumor activo y la infección activa son contraindicaciones aceptadas de la magnetoterapia. Si la causa no está aclarada, entonces por definición no puedes afirmar que no hay tumor ni infección. No es que sepas que existe una contraindicación; es que no puedes saber que no existe. Y la tercera: puede tratarse de una fractura inestable, con afectación del muro posterior, que necesita decisiones de corsé, seguimiento o cirugía y no una terapia en casa. El mismo criterio, punto por punto, vale para la fractura de sacro.

Regla que aplicamos sin excepciones: no se aplica magnetoterapia sobre una fractura de columna cuya causa no esté documentada. Antes de empezar tiene que haber (a) una prueba de imagen que confirme la fractura, (b) un médico que haya establecido por qué se ha producido y (c) una indicación de ese médico o de un fisioterapeuta que conozca el caso. Si te han dicho «tienes una vértebra aplastada» pero nadie te ha explicado la causa, o no ha habido un golpe que lo justifique, lo que necesitas no es un aparato: es completar el estudio.

La magnetoterapia en una fractura vertebral: qué dice de verdad la evidencia

Los campos magnéticos pulsados (PEMF) son la técnica que solemos alquilar para acompañar fracturas de huesos más superficiales, y tienen su lugar como tratamiento coadyuvante del dolor. Puedes ver cómo funcionan en la guía de qué es la magnetoterapia y en la guía general de magnetoterapia para fracturas. Pero en la columna la situación es distinta a la del resto del cuerpo, y prefiero contarla tal cual antes que venderla.

Existe un único ensayo clínico directo en fracturas vertebrales: 82 mujeres posmenopáusicas, la mitad tratadas con PEMF, con mejores resultados de dolor y calidad de vida a los tres meses. El problema es cómo está hecho. Todas las participantes habían sido operadas ya de vertebroplastia, así que no describe una fractura tratada de forma conservadora. Y, sobre todo, el grupo control no recibió ningún aparato placebo: los propios autores reconocen en las limitaciones que las pacientes sabían a qué grupo pertenecían, lo que basta para explicar una mejoría en variables autorreportadas como el dolor. El artículo, además, no llega a decir cuántos minutos duraba cada sesión ni cuánto tiempo se mantuvo el tratamiento. De ahí no se puede sacar ni una conclusión firme ni una pauta.

Hay una confusión que conviene deshacer, porque la vas a encontrar citada en otras webs como si fuera magnetoterapia: el mejor estudio publicado en fracturas vertebrales por fragilidad no usó campos magnéticos. Es un ensayo multicéntrico de 2024 con resultados llamativos a 60 días, pero la tecnología empleada fue la estimulación biofísica por acoplamiento capacitivo, que aplica un campo eléctrico a través de electrodos adhesivos: otro principio físico, otro aparato y otra dosificación. Sus buenos resultados no son trasladables sin más a un equipo de magnetoterapia. En cuanto a la evidencia general, el mejor metaanálisis disponible —quince ensayos aleatorizados con aparato simulado— encontró una mejoría del dolor de 7,7 mm en una escala de 100 y ninguna diferencia en función. Ese número es estadísticamente significativo, pero queda por debajo de los 15-20 mm que suelen considerarse el mínimo clínicamente relevante en dolor musculoesquelético. Y la revisión Cochrane sobre estimulación electromagnética en fracturas que no consolidan tampoco alcanzó significación.

A eso se añade un argumento físico que casi nadie menciona: la intensidad del campo decae con la distancia al aplicador. En una muñeca o en un maléolo el hueso está a uno o dos centímetros de la piel; un cuerpo vertebral de T12 está detrás de toda la masa muscular paravertebral. No hay ningún estudio que haya medido cuánta señal llega realmente al foco de una fractura vertebral con un equipo domiciliario, ni existe ningún protocolo publicado y validado de PEMF para esta localización: ni frecuencia, ni intensidad, ni duración. Conclusión honesta: aquí la magnetoterapia puede ser un acompañamiento para el dolor y el bienestar durante una recuperación larga, con el campo atravesando sin problema la ropa y el corsé, y nada más que eso. Si en tu caso encaja como apoyo, puedes ver las condiciones del alquiler de magnetoterapia a domicilio; si lo que buscas es algo que haga soldar antes la vértebra, no tengo pruebas que ofrecerte y prefiero decírtelo.

Precauciones y contraindicaciones

Las contraindicaciones absolutas son las de siempre, con un matiz propio de la columna. Los marcapasos, desfibriladores y cualquier implante electrónico activo excluyen el tratamiento, y aquí hay que preguntar más allá del marcapasos: quien lleva años con dolor de espalda puede tener un neuroestimulador medular, una bomba intratecal de morfina o un estimulador de nervio sacro, y esos dispositivos suelen alojarse en la región lumbar o glútea, justo debajo de donde iría el aplicador. Tampoco se aplica durante el embarazo —y en esta zona se estaría aplicando sobre la pelvis, así que preguntarlo no es un formalismo—, ni sobre una infección activa ni sobre una hemorragia o hematoma en expansión. En el caso del tumor activo o sospechado conviene ser preciso: la contraindicación es preventiva, no la prueba de que la magnetoterapia haga daño; lo que ocurre es que no hay estudios clínicos que hayan demostrado que sea segura sobre una lesión tumoral, y ante esa incertidumbre no se aplica.

Como precauciones, se desaconseja en epilepsia por criterio de los fabricantes, hay que tener cuidado con la piel del sacro en personas encamadas con riesgo de úlcera por presión, y conviene incorporarse despacio tras la sesión para evitar mareos.

Al revés de lo que mucha gente cree, el material de osteosíntesis y el cemento no son una contraindicación: los tornillos pediculares, las barras y el cemento de una vertebroplastia o una cifoplastia son compatibles con la magnetoterapia de baja intensidad. La confusión viene de mezclarla con la resonancia magnética, que trabaja con campos de 1,5 a 3 teslas, del orden de mil veces más intensos que los militeslas de un equipo doméstico. Aun así, el material implantado siempre hay que declararlo antes de empezar; lo desarrollamos en la guía de magnetoterapia tras osteosíntesis con placas y tornillos.

Usa únicamente equipos con marcado CE, y no confundas el dolor residual de espalda de meses después con la fractura en sí: si a estas alturas lo que tienes es una lumbalgia persistente ya estudiada, el enfoque cambia y lo cuento en la guía de magnetoterapia para el dolor lumbar crónico. Y repito lo anterior porque es lo importante: nada de esto se aplica sobre una fractura vertebral cuya causa no esté aclarada.

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Preguntas frecuentes

¿Cuánto tarda en soldar una vértebra aplastada?

De forma orientativa, el dolor agudo más intenso suele durar entre cuatro y ocho semanas, y hacia las ocho o doce semanas la mayoría de las personas tolera ya la carga normal sin dolor agudo. Una molestia muscular de fondo puede quedarse varios meses. En hueso osteoporótico el proceso es más lento, porque la fase de mineralización se alarga.

¿Puedo andar con una fractura vertebral o tengo que hacer reposo en cama?

Salvo que tu médico indique lo contrario, el objetivo es moverse pronto. El reposo prolongado en cama es perjudicial: acelera la pérdida de hueso y añade riesgo de trombosis, neumonía, úlceras por presión y pérdida de fuerza. Otra cosa es el reposo relativo: evitar cargas, flexiones bruscas y esfuerzos, pero levantarse y caminar.

¿Cuánto tiempo tendré que llevar el corsé?

Lo habitual son entre cuatro y doce semanas, y en la práctica española a veces hasta los tres meses; se retira cuando cede el dolor y la radiografía muestra que la fractura está estable. Conviene saber que el corsé ayuda a mucha gente con el dolor, pero la evidencia de que mejore el resultado final es limitada: es una decisión de tu médico.

¿Por qué me ha pasado si no me he caído?

Es lo más habitual en el aplastamiento osteoporótico: basta agacharse, coger una bolsa, un golpe de tos o sentarse de golpe, y se estima que hasta un 30% ocurre estando la persona en la cama. Precisamente por eso, una fractura sin un golpe que la explique obliga a estudiar la causa y no darla por sabida.

¿Puedo usar magnetoterapia si me han hecho una vertebroplastia o llevo tornillos?

El cemento óseo, los tornillos pediculares y las barras no contraindican la magnetoterapia de baja intensidad: no es una resonancia, que usa campos miles de veces más intensos. Aun así hay que declararlo siempre al fisioterapeuta antes de empezar, y aplicarla solo si tu médico conoce el caso y está de acuerdo.

La opinión de nuestro fisioterapeuta

En consulta veo sobre todo a dos personas con esta lesión. Una señora de setenta y tantos a la que le han dicho que tiene una vértebra aplastada y que ha salido de urgencias con un analgésico y poco más, y un hijo o una hija de mediana edad que busca por ella a las once de la noche, asustado. A los dos les digo lo mismo: lo que más va a condicionar los próximos tres meses no es ningún aparato, es que alguien haya explicado por qué se ha roto esa vértebra, que se movilice pronto y que, si hay osteoporosis, se trate. Ese es el hueco real, y es donde más gente se queda atrás.

Con la magnetoterapia prefiero ser sincero aunque parte de mi trabajo sea alquilarla: en fracturas vertebrales la evidencia es escasa y de mala calidad, y el efecto medido en fracturas en general es pequeño. La ofrezco como acompañamiento del dolor en una recuperación larga, dentro del servicio de alquiler de magnetoterapia, y solo cuando ya hay diagnóstico, causa aclarada y un médico que lleva el caso. Si falta cualquiera de esas tres cosas, lo que toca no es un equipo, es completar el estudio. Y ante cualquiera de las señales del recuadro del principio, urgencias sin dudarlo: eso sí que no admite espera.

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Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica profesional. Consulta siempre con tu traumatólogo o fisioterapeuta antes de iniciar cualquier tratamiento.

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