Respuesta corta: el cuerpo de la vértebra se aplasta y pierde altura, casi siempre por delante, y queda en cuña. Eso duele en la espalda al incorporarte, al ponerte de pie o al sentarte, y suele aliviar al tumbarte. La mayoría se tratan sin cirugía y consolidan. Pero hay dos cosas que se deciden desde el primer día y que no se resuelven en casa: si la fractura es estable o no, y por qué se ha roto ese hueso. Antes de seguir leyendo, comprueba que no tienes ninguna de las señales de la lista de abajo.
Señales de alarma: cuándo ir a urgencias hoy mismo
Estas señales no esperan a la revisión de la semana que viene ni a que te den cita. Son la parte más importante de esta página.
🚨 Ve a urgencias ahora si aparece cualquiera de estas cosas, porque pueden significar que se están comprimiendo la médula o las raíces nerviosas:
Pérdida de fuerza en una o en las dos piernas: tropiezas, arrastras un pie o no consigues levantarte de la silla.
Adormecimiento «en silla de montar»: pierdes sensibilidad en el periné, los genitales, las nalgas o la cara interna de los muslos. La pregunta práctica es: ¿notas raro al limpiarte o al sentarte en el váter?
No te vienen las ganas de orinar aunque hayas bebido y la vejiga esté llena, o se te escapa un goteo sin que lo notes.
Incontinencia de orina o de heces de aparición nueva, o no controlar los gases.
Pérdida de sensibilidad genital o disfunción sexual reciente.
Cualquier déficit neurológico que va a más en horas o en días.
Ese conjunto de síntomas es un síndrome de cauda equina o una compresión medular, y el pronóstico depende literalmente de las horas: en los casos agudos, el objetivo es descomprimir dentro de las primeras 6 horas.
🚨 Contacta con tu médico el mismo día si hay algo que haga pensar en una causa tumoral, sobre todo si tienes o has tenido cáncer (mama, próstata, pulmón, riñón, tiroides, mieloma):
Dolor dorsal nuevo, o dolor lumbar progresivo, intenso y que no remite.
Dolor «en cinturón» alrededor del tórax o del abdomen.
Dolor nocturno que no te deja dormir, o que empeora al toser, estornudar o hacer fuerza.
Dolor a la palpación justo encima de una vértebra concreta.
Pérdida de peso sin explicación, sudoración nocturna, o dolor en varios huesos a la vez.
En una persona con cáncer y estos síntomas, la recomendación es contacto urgente en menos de 24 horas, y el mismo día si ya hay signos de compresión medular: es una urgencia oncológica.
🚨 Consulta sin demora si puede haber una infección (espondilodiscitis, osteomielitis vertebral):
Fiebre, escalofríos o sudores nocturnos.
Dolor que empeora en reposo y por la noche en lugar de aliviarse al tumbarte.
Situaciones de riesgo: inmunodepresión, diabetes mal controlada, consumo de drogas por vía intravenosa, una infección reciente o una infiltración o cirugía reciente en la espalda.
🚨 Necesita valoración inmediata una fractura que pueda ser inestable o que no esté bien filiada:
Traumatismo de alta energía: accidente de tráfico o caída desde altura.
Espondilitis anquilosante o DISH (columna rígida): cualquier fractura debe tratarse como inestable.
Dolor que no cede nada con el reposo y la analgesia pautada, o que va claramente a más.
Dolor nuevo e intenso después de haber ido mejorando: sugiere un colapso mayor o una fractura nueva.
Deformidad nueva, pérdida visible de estatura, joroba que progresa o dificultad para respirar.
Fractura vertebral en menor de 20 años, o en mayor de 50 sin un golpe que la explique, o en alguien que toma corticoides de forma crónica.
Qué notas cuando se aplasta una vértebra
Lo más característico es un dolor de espalda de aparición brusca, en la zona dorsal baja o lumbar, que aparece tras un esfuerzo mínimo o sin causa aparente: agacharse, levantar una bolsa de la compra, un golpe de tos, sentarse de golpe. Es un dolor mecánico: empeora al incorporarte, al mantenerte de pie o sentado y al moverte, y alivia al tumbarte boca arriba. A menudo se puede señalar con un dedo un punto concreto de la columna que duele al presionar.
La localización más frecuente es la charnela toracolumbar, la zona de transición entre la espalda dorsal y la lumbar: entre el 60 % y el 75 % de estas fracturas ocurren en T12-L2. Y hay algo que sorprende a casi todo el mundo: no todas duelen. Muchas son asintomáticas o dan una molestia leve que se tolera, y se descubren de casualidad en una radiografía pedida por otro motivo. De hecho, la prevalencia pasa de en torno al 3 % por debajo de los 60 años a alrededor del 20 % por encima de los 70, y llega al 40-50 % en mayores de 80. En bastantes casos, la primera pista no es el dolor: es haber perdido estatura o que la espalda se haya ido curvando.
Si además del dolor de espalda aparece dolor irradiado a las piernas, adormecimiento, pérdida de fuerza o cualquier cambio al orinar o al retener las heces, eso ya no es el cuadro típico: vuelve al bloque de señales de alarma.
Qué te van a hacer en urgencias
Lo primero es preguntarte cómo ocurrió y explorarte. Te palparán la columna buscando el punto doloroso, pero sobre todo te harán una exploración neurológica: fuerza en las piernas, sensibilidad, reflejos y preguntas incómodas sobre el control de la orina y del intestino. Esas preguntas no son un trámite: son las que separan una fractura que se va a casa de una que ingresa.
Después vienen las pruebas. La radiografía es la primera, con un matiz que explica muchas confusiones: la placa tumbado subestima la deformidad, por eso a veces se repite de pie en la revisión y «parece peor» que en urgencias, cuando en realidad solo se ve mejor. Si hay que valorar la pared posterior del cuerpo vertebral —lo que define una fractura por estallido y marca el riesgo neurológico— se pide un TC. Y la resonancia se usa cuando hay dudas: distingue si la fractura es reciente (aparece edema óseo en las secuencias STIR) o antigua, y ayuda a orientar si el hueso está sano o hay algo detrás, aunque la imagen convencional no siempre lo resuelve de forma inequívoca. Si se sospecha un mieloma, se añaden analítica y proteinograma.
Con todo eso se decide lo importante: si la fractura es estable, lo habitual es irse a casa con analgesia, indicación de moverse pronto (el reposo prolongado en cama hace daño), a veces un corsé, y una cita de revisión. Si es inestable o hay déficit neurológico, la valoración es hospitalaria y puede acabar en quirófano. En la guía completa sobre la fractura vertebral tienes el detalle de los tipos, del corsé y de cómo se sigue el proceso a partir de ahí; y si lo que te preocupa ahora es el calendario, está resuelto en cuánto tarda en sanar una fractura vertebral.
Lo que de verdad pasa si nadie estudia por qué se ha roto
La vértebra aplastada no vuelve a su forma. Si la pérdida de altura es pequeña, apenas se nota. Si es importante, el segmento queda en cuña y la columna se inclina hacia delante: eso es la cifosis. Cuando se acumulan varias, aparece la joroba, se pierde estatura, el centro de gravedad se desplaza hacia delante y la musculatura de la espalda acaba trabajando todo el día para sostener el tronco, lo que explica buena parte del dolor muscular residual que muchos pacientes arrastran meses después. En los casos graves la cifosis llega a comprometer la respiración, y ahí ya estamos hablando de una señal de alarma.
Pero la consecuencia más importante es otra, y es la que casi nadie explica en urgencias: una fractura vertebral multiplica el riesgo de la siguiente. En el ensayo MORE, el riesgo de sufrir una nueva fractura vertebral en los tres años posteriores fue del 10,5 % si la primera fue leve, del 23,6 % si fue moderada y del 38,1 % si fue grave. Casi cuatro de cada diez en el peor escenario. A eso se le llama el efecto cascada, y es el motivo por el que el mensaje que más vale la pena llevarse de esta página es este: la fractura es la señal; la osteoporosis es la enfermedad.
Ahí está el hueco real. Mucha gente sale de urgencias con una pauta de analgesia y sin que nadie le haya estudiado la osteoporosis ni le haya puesto tratamiento. Calcio, vitamina D, el fármaco que corresponda y un plan de prevención de caídas cambian el pronóstico mucho más que cualquier cosa que se pueda comprar o alquilar. Y falta la otra mitad de la pregunta: por qué se ha roto. En distintas series, entre el 8 % y el 20 % de los pacientes que consultan por una fractura vertebral por compresión acaba teniendo una causa maligna —metástasis o mieloma—, y la infección es el otro gran diagnóstico alternativo. Si te han dicho «tienes una vértebra aplastada» pero nadie te ha explicado el motivo, eso es exactamente lo que falta por hacer.
¿Y la magnetoterapia? Aquí toca ser claro
No es lo primero, ni de lejos. En una fractura vertebral, lo que determina cómo evolucionas es el diagnóstico correcto de la causa, el control médico, moverte pronto y —si hay osteoporosis— tratarla. La magnetoterapia, como mucho, es un tratamiento coadyuvante para acompañar el dolor durante una recuperación larga. No sustituye la valoración médica, ni el corsé si te lo han indicado, ni la rehabilitación, ni la cirugía cuando hace falta.
Y la evidencia, dicha entera: solo existe un ensayo que haya probado los campos magnéticos pulsados (PEMF) en fracturas vertebrales. Fue en 82 mujeres posmenopáusicas que ya habían sido operadas de vertebroplastia, y el grupo de control no recibió ningún aparato placebo: los propios autores reconocen que las pacientes sabían en qué grupo estaban, así que con eso no se puede concluir gran cosa sobre el dolor. Hay un detalle más que conviene saber, porque se cita mal continuamente: el mejor estudio publicado en fracturas vertebrales por fragilidad no es de magnetoterapia, sino de estimulación biofísica por acoplamiento capacitivo, que es otra tecnología, con otro aparato y otra dosificación. Sus buenos resultados no son trasladables sin más a los campos magnéticos pulsados.
A eso se añade un problema físico que nadie menciona: el cuerpo vertebral no es un hueso superficial. La intensidad del campo disminuye con la distancia al aplicador, y una vértebra dorsal está detrás de toda la masa muscular de la espalda: nadie ha medido cuánta señal llega realmente hasta ahí con un equipo domiciliario. Tampoco existe ningún protocolo de aplicación validado para esta localización.
Por eso nuestra regla es firme: no se aplica magnetoterapia sobre una fractura de columna cuya causa no esté documentada. Antes tiene que haber una prueba de imagen que confirme la fractura, un médico que haya establecido por qué se ha producido y una indicación de ese médico o de un fisioterapeuta que conozca el caso. El razonamiento es simple: si la causa no está aclarada, no se puede afirmar que no haya un tumor o una infección detrás, que sí son contraindicaciones. Cuando el caso está estudiado y encaja, se puede plantear el alquiler de magnetoterapia a domicilio con seguimiento de un fisioterapeuta colegiado, sabiendo lo que se puede esperar y lo que no.
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Preguntas frecuentes
¿Se puede andar con una vértebra fracturada?
En la mayoría de fracturas estables sí, y además conviene: el reposo prolongado en cama acelera la pérdida de hueso y añade riesgo de trombosis, neumonía y úlceras por presión. Pero eso lo autoriza el médico después de descartar inestabilidad. Si no toleras ponerte de pie, si te falla una pierna o notas cambios al orinar, no es cuestión de aguantar: es urgencias.
¿Por qué se me ha roto una vértebra si no me he caído?
Porque en un hueso osteoporótico basta un esfuerzo mínimo: agacharse, levantar una bolsa, un golpe de tos o sentarse de golpe. Se estima que hasta un 30 % de estas fracturas ocurren con la persona en la cama. Ahora bien, una fractura sin golpe que la explique en un adulto obliga también a descartar otras causas: en distintas series, entre el 8 % y el 20 % de quienes consultan por una fractura vertebral acaba teniendo una causa maligna.
¿Me voy a quedar encorvado?
La vértebra aplastada no recupera su forma, pero si la pérdida de altura es pequeña el cambio apenas se nota. La joroba marcada aparece sobre todo cuando se acumulan varias fracturas a lo largo de los años. Por eso lo que más influye en tu aspecto y en tu espalda dentro de cinco años no es lo que hagas con esta fractura, sino que se estudie y se trate el motivo por el que se ha roto.
¿Una fractura vertebral puede dañar los nervios?
Puede, y por eso la exploración neurológica es lo primero que se hace. El riesgo está sobre todo en las fracturas por estallido, en las que se afecta la pared posterior del cuerpo vertebral y algún fragmento puede desplazarse hacia el canal. Pérdida de fuerza en las piernas, adormecimiento del periné o problemas nuevos para orinar o retener las heces obligan a ir a urgencias el mismo día.
¿Es lo mismo un aplastamiento vertebral que una hernia de disco?
No. La hernia afecta al disco, la estructura blanda que hay entre dos vértebras; el aplastamiento afecta al hueso, al cuerpo de la vértebra, que pierde altura y queda en cuña. Los síntomas se pueden parecer y ambos pueden dar dolor irradiado, pero el diagnóstico, el seguimiento y las decisiones son distintos. Solo una prueba de imagen lo aclara.
¿Me van a operar o a ponerme cemento?
La mayoría de fracturas vertebrales se tratan sin cirugía. La vertebroplastia y la cifoplastia, que estabilizan la vértebra inyectando cemento, son una opción real cuando el dolor no cede, pero no son un procedimiento indiscutido: la revisión Cochrane más reciente no respalda su uso rutinario en fracturas osteoporóticas y el debate sigue abierto. Es una decisión de tu médico valorando tu caso.
¿Puedo usar magnetoterapia si me han puesto cemento o tornillos?
El material de osteosíntesis y el cemento no son una contraindicación de la magnetoterapia de baja intensidad, y conviene aclarar la confusión más habitual: esto no es una resonancia magnética, que trabaja con campos de teslas, sino con militeslas. Lo que sí hay que preguntar expresamente es si llevas algún dispositivo electrónico implantado, y no solo marcapasos: quien lleva años con dolor de espalda puede tener un neuroestimulador medular o una bomba de morfina, y suelen ir alojados justo en la zona lumbar o glútea, debajo del aplicador. Declara siempre lo que lleves al fisioterapeuta. Y antes de eso tiene que estar documentado por qué se rompió esa vértebra.
La opinión de nuestro fisioterapeuta
Cuando me llaman por una fractura vertebral, casi siempre es un hijo o una hija, y la pregunta es la misma: «¿va a volver a andar?». Lo primero que pregunto yo no es por el dolor. Pregunto si controla el pis, si nota algo raro al sentarse en el váter, si arrastra un pie al caminar. Suena invasivo por teléfono y a veces incomoda, pero es lo único de todo el cuadro que no puede esperar: el resto se organiza, eso no.
Lo segundo que miro es si alguien le ha estudiado la osteoporosis. Es la parte que más me frustra, porque veo a mucha gente que sale de urgencias con analgesia y con una fractura que era, en realidad, un aviso. Y sobre la magnetoterapia prefiero decirlo sin rodeos: en la columna la evidencia es escasa y de mala calidad, y no voy a vender lo que no hay. La uso como acompañamiento del dolor, cuando la causa está aclarada y hay un médico llevando el caso. Si alguien te promete que un aparato va a acelerar la consolidación de una vértebra o a corregir la curvatura de tu espalda, te está contando algo que la evidencia no sostiene.
Otras dudas frecuentes
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica profesional. Si tienes o sospechas una fractura vertebral, consulta siempre con tu médico o traumatólogo antes de iniciar cualquier tratamiento.
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