Respuesta corta: bajo el nombre de «fractura del quinto metatarsiano» se esconden tres lesiones distintas que se comportan de forma muy diferente, y saber cuál tienes cambia todo lo demás. La avulsión de la base —la más frecuente, la que aparece al torcerte el tobillo— tiene buen pronóstico y casi siempre se trata sin cirugía. La fractura de Jones, un poco más adelante, cae en una zona de riego sanguíneo precario y por eso arrastra fama de consolidar despacio. Y las diafisarias por estrés son las del deportista que lleva tiempo con molestias. La magnetoterapia se plantea como coadyuvante, y tiene más sentido justo donde hay riesgo de que el hueso se demore.
Antes de seguir, dos comprobaciones y una lista de avisos.
1. ¿Te torciste el tobillo y te duele el borde de fuera del pie? No des por hecho que es «solo un esguince». La avulsión de la base del quinto se produce con el mismo gesto que un esguince de tobillo y se pasa por alto con facilidad, porque el dolor del tobillo se lleva la atención. Si el punto que más duele al apretar está en el bulto óseo del borde externo del pie, a media distancia entre el tobillo y el meñique, dilo expresamente y pide que te miren esa zona en la radiografía.
2. ¿Sabes exactamente qué zona tienes? Pídelo por su nombre: avulsión de la tuberosidad, fractura de Jones o fractura diafisaria. No es una curiosidad: condiciona el tratamiento, la vigilancia y el tiempo que vas a estar así.
Y ve a urgencias, sin esperar a mañana, si el dolor se vuelve desproporcionado y va en aumento, notas el pie a tensión, duele mucho al estirar los dedos hacia arriba, o aparecen hormigueos, pérdida de sensibilidad o dedos fríos y amoratados. Son los signos que obligan a descartar un síndrome compartimental del pie. En una fractura aislada del quinto es poco frecuente —se ve sobre todo cuando el pie ha sido aplastado o hay varios huesos rotos—, y a veces detrás está simplemente una bota o un vendaje que aprietan de más con el pie hinchado. Ninguna de las dos cosas se arregla esperando.
Consulta el mismo día si te han operado y aparece enrojecimiento que crece, supuración, mal olor, fiebre o los bordes de la herida se separan.
Un hueso, tres fracturas
El quinto metatarsiano es el hueso largo del borde externo del pie, el que va desde el meñique hacia atrás hasta el bulto que notas si te pasas el dedo por el lateral. Es el metatarsiano que más se fractura de los cinco, y lo hace en tres sitios distintos por tres mecanismos distintos. La clasificación por zonas es la que usan los traumatólogos y es la que de verdad explica el pronóstico. Esta página es el detalle de una de las fracturas que cubrimos en la guía general de magnetoterapia para fractura de metatarsianos, donde encontrarás el resto del pie.
Zona 1: la avulsión de la base (pseudo-Jones). Es, con diferencia, la más frecuente. No es un golpe: es un tirón. Cuando el pie se va hacia dentro en una torcedura de tobillo, las estructuras que se insertan en esa punta del hueso —el tendón del peroneo corto y la banda lateral de la fascia plantar— tiran con fuerza y arrancan un fragmento. Es el mismo mecanismo que explicamos en la guía de fractura por avulsión. La buena noticia es que esa zona está bien vascularizada: el pronóstico es bueno, el tratamiento es casi siempre conservador —bota, calzado rígido o vendaje, con la carga que autorice el médico— y la mayoría consolida sin sobresaltos. El apodo de «pseudo-Jones» viene precisamente de que se confunde con la otra.
Zona 2: la fractura de Jones. Está apenas un poco más adelante, en la unión metafiso-diafisaria: el punto donde la base ensanchada del hueso se estrecha para convertirse en cuerpo. Suele producirse por una carga sobre el borde externo del pie con el talón levantado, un gesto típico de un cambio de dirección deportivo. Y aquí está el problema: esa unión es una zona de frontera vascular, donde los vasos que llegan desde la base y los que recorren el hueso por dentro se encuentran y se quedan sin fuelle. Un hueso con riego justo dispone de menos recursos biológicos para fabricar callo, y de ahí su reputación de retardo de consolidación y, en el peor de los casos, de pseudoartrosis. Por eso en deportistas se plantea con frecuencia la cirugía de entrada, habitualmente un tornillo intramedular: no porque la fractura sea más grave, sino porque el riesgo de que la cosa se alargue es alto y una recaída resulta muy costosa.
Zona 3: las diafisarias por estrés. Ya en el cuerpo del hueso, y sin un episodio agudo que las explique. Son fracturas por estrés, es decir, por sobrecarga repetida, clásicas en bailarines, corredores y deportistas de salto. Suelen anunciarse con semanas de molestias en el borde externo del pie que se acentúan con la actividad y ceden con el reposo, hasta que un día dejan de ceder. Comparten con la de Jones la mala fama a la hora de consolidar y, además, algo decisivo: si no se corrige la causa —volumen de entrenamiento, calzado, técnica, cómo se reparte la carga en el pie—, el hueso vuelve a quejarse.
Si te han dicho «Jones», confírmalo. En la práctica se llama fractura de Jones a casi cualquier fractura de la base del quinto, y no es lo mismo. Una avulsión de la punta y una fractura de la unión metafiso-diafisaria se parecen en la radiografía si no se mira con detalle, pero una tiende a ir bien sola y la otra necesita seguimiento estrecho. Pregunta a tu traumatólogo en qué zona está exactamente tu trazo de fractura. De esa respuesta depende cuánta paciencia te van a pedir, cada cuánto te van a repetir las radiografías y si tiene sentido plantearse acompañar el proceso con algo más.
Qué aporta la magnetoterapia aquí
Conviene ser preciso, porque no aporta lo mismo en las tres zonas.
En la avulsión de la base, el papel es modesto y honesto: acompañar el dolor y la hinchazón de las primeras semanas. Esa fractura tiene buen pronóstico por sí sola, así que nadie debería venderte la magnetoterapia como la razón por la que consolidó. Si la usas, que sea por comodidad durante el proceso, no por miedo.
En la fractura de Jones y en las diafisarias por estrés, el planteamiento cambia. Son precisamente los escenarios donde existe un riesgo real de que la consolidación se demore, y ahí es donde la magnetoterapia tiene el respaldo más consistente: no como tratamiento que arregla el hueso, sino como coadyuvante que acompaña un proceso biológico que va justo de recursos. Cuando la consolidación ya se ha retrasado de forma confirmada, el uso es el que describimos en la guía de retardo de consolidación, que es donde la evidencia es más sólida.
Y lo que no hace, dicho sin rodeos: no acorta plazos, no adelanta el permiso para apoyar, no evita una cirugía que esté indicada y no compensa saltarse la descarga. La decisión de cargar la toma tu traumatólogo mirando radiografías, no mirando cómo te encuentras — y en este hueso encontrarse bien antes de tiempo es bastante habitual.
Cómo se aplica en el borde externo del pie
Dónde. Envolviendo el pie con la banda de solenoides de modo que el campo cubra bien todo el borde externo, desde el bulto de la base hasta la mitad del hueso. Es un error frecuente centrar la banda en el antepié: la zona que interesa está más atrás de lo que la gente supone, cerca del tobillo.
Cuándo. Si el tratamiento es conservador, se puede empezar pronto y con la bota o el vendaje puestos, según lo que indique tu médico: los campos atraviesan el yeso y la ortesis sin problema. Si te han operado, con la herida completamente cerrada y seca y el visto bueno del cirujano.
Cuánto. Sesiones diarias y sostenidas durante semanas, la pauta habitual cuando el objetivo es hueso. La preparamos según tu informe y la fase en la que estés, y el equipo te llega con ella ya configurada.
Con qué se combina. Con la descarga o la carga parcial que te hayan indicado —esto es lo que de verdad manda—, con la elevación del pie mientras haya hinchazón y, más adelante, con la readaptación progresiva a la actividad. En las fracturas por estrés, además, con el análisis de qué las provocó.
Precauciones
Contraindicaciones absolutas: marcapasos u otros dispositivos electrónicos implantados, embarazo, cáncer activo en la zona de tratamiento, y hemorragias o infecciones activas. Requieren valoración previa, sin quedar descartadas: epilepsia, cardiopatía grave, diabetes mal controlada, niños y adolescentes en crecimiento y tratamiento anticoagulante. El material de osteosíntesis no lo es, como explicamos en la guía de magnetoterapia tras osteosíntesis, aunque siempre conviene decir que lo llevas.
Una precaución específica de este hueso: el dolor que vuelve. Si tras semanas de mejoría reaparece dolor localizado en el borde externo al cargar, no lo interpretes como una molestia normal de la recuperación. En las zonas 2 y 3 puede indicar que la consolidación no está progresando o que ha habido una refractura, y eso se comprueba con una radiografía, no con más sesiones.
Y otra para quien haya llegado hasta aquí sin ningún golpe detrás: no des por hecho que es una fractura por estrés. Cuando el hueso se rompe porque una lesión lo estaba erosionando por dentro —un quiste, un tumor benigno o, mucho más raramente en el pie, una metástasis— se habla de fractura patológica, y al principio se parecen mucho: dolor que va a más sin ningún traumatismo. Lo que las distingue es cómo se comporta ese dolor. La fractura por estrés afloja al parar la actividad; pide que te lo estudien antes de tratar nada si el tuyo te despierta por la noche o duele estando quieto, si notas un bulto o una hinchazón que crece, si has perdido peso sin buscarlo o si has tenido un cáncer. Ahí lo que toca es una imagen, no un tratamiento en casa: el cáncer activo en la zona es contraindicación absoluta.
Una alarma que en el pie casi nunca se menciona: la trombosis venosa profunda. No la provoca la fractura, sino lo que viene con ella: semanas con bota o yeso y sin apoyar la pierna. El riesgo es bajo, pero real, y sube si fumas, tomas anticonceptivos hormonales, has tenido una trombosis antes, estás embarazada o te espera un viaje largo sentado. Si es tu caso, pregunta a tu traumatólogo si te conviene una heparina mientras dure la inmovilización; y si ya te la ha pautado, no la dejes por tu cuenta.
Consulta el mismo día si notas la pantorrilla —no el pie— hinchada, endurecida, dolorida o más caliente que la de la otra pierna, sobre todo si aparece de golpe. Que el pie se hinche al bajarlo es lo esperable y mejora con la elevación; que la pantorrilla se ponga dura y duela al apretarla, no.
Y ve a urgencias sin esperar ante falta de aire repentina, dolor en el pecho al respirar hondo, palpitaciones o tos con sangre: son los signos de una embolia pulmonar.
Preguntas frecuentes
¿La fractura de la base del quinto es lo mismo que la fractura de Jones?
No, y es la confusión más extendida de todo el pie. La avulsión de la punta de la base —también llamada pseudo-Jones— ocurre por tracción al torcerte el tobillo, está en una zona bien vascularizada y suele consolidar sin problemas con tratamiento conservador. La fractura de Jones está un poco más adelante, en la unión entre la base y el cuerpo del hueso, en una zona con peor riego, y es la que tiene fama de dar problemas. Comparten hueso y poco más. Si en tu informe pone «Jones», merece la pena confirmar con tu traumatólogo que se refiere a esa zona concreta.
¿Por qué la fractura de Jones consolida peor que las demás del pie?
Por un motivo puramente anatómico: la unión metafiso-diafisaria del quinto metatarsiano es una zona de frontera vascular. Ahí se encuentran, y a la vez se agotan, los aportes de sangre que vienen de la base y los que recorren el interior del hueso. Un hueso con riego justo tiene menos recursos biológicos para formar callo, y de ahí su fama de retardo de consolidación y de pseudoartrosis. No significa que la tuya vaya a ir mal: significa que se vigila más de cerca.
¿Me van a operar?
Depende sobre todo de la zona y de a qué te dedicas. Las avulsiones de la base se tratan casi siempre de forma conservadora. En las de Jones, y en algunas diafisarias por estrés, el traumatólogo valora fijarlas de entrada con un tornillo intramedular, especialmente en deportistas, porque el riesgo de que la consolidación se demore es más alto y una recaída a mitad de temporada sale muy cara. Es una decisión individual que toma tu cirujano con tus radiografías delante, no una regla automática.
¿Cuánto tiempo tardaré en recuperarme?
Con honestidad: no podemos darte un número, y desconfía de quien te lo dé sin haber visto tu caso. Lo que sí puede decirse es que el orden de magnitud es distinto según la zona: las avulsiones de la base suelen ser las más agradecidas, mientras que las de Jones y las diafisarias por estrés tienden a necesitar más tiempo y más controles radiográficos. Los plazos y el permiso para apoyar los marca tu traumatólogo según lo que vea en las radiografías, no según cómo te encuentres.
¿Sirve la magnetoterapia en una fractura del quinto metatarsiano?
Se plantea como coadyuvante, nunca como tratamiento principal. Tiene más sentido en los escenarios donde existe riesgo real de que la consolidación se demore —la fractura de Jones y las diafisarias por estrés— que en una avulsión de la base que va a ir bien de todos modos. Acompaña el proceso y ayuda con el dolor y la hinchazón del pie, pero no acorta los plazos ni sustituye a la descarga o la inmovilización que te hayan indicado.
¿Puedo usarla si me han puesto un tornillo?
Sí. El tornillo intramedular es titanio o acero quirúrgico: una pieza pasiva que no se calienta ni se mueve con los campos magnéticos de baja frecuencia. Lo desarrollamos en la guía de magnetoterapia tras osteosíntesis. La condición innegociable es la de siempre: nada sobre una herida que no esté completamente cerrada y seca, y con el visto bueno de tu cirujano.
La opinión de nuestro fisioterapeuta
Esta es de las pocas guías que he escrito casi para corregir una confusión. Me llegan pacientes asustados porque han leído que la fractura de Jones no suelda, y cuando miro el informe resulta que lo que tienen es una avulsión de la punta de la base, que es otra cosa y que suele ir bien. Y me llega el caso contrario: alguien que ha tratado su fractura de Jones con la despreocupación de un esguince porque nadie le explicó que esa zona tiene el riego justo. Preguntar en qué zona está la fractura no es hacerse el listo delante del médico; es la información que te permite entender qué te están pidiendo y por qué.
Con la magnetoterapia intento ser coherente con eso. Si alguien me llama con una avulsión de la base que va camino de consolidar sola, se lo digo: le puede venir bien para el dolor y la hinchazón, pero no la necesita para curarse y no le voy a decir lo contrario. Donde sí me parece que encaja de verdad es en la de Jones y en las de estrés, sobre todo cuando el traumatólogo ya ha advertido de que hay que vigilar la consolidación. Ahí es un tratamiento diario, cómodo, que se hace en casa con el pie en alto y que acompaña unas semanas de espera que se hacen largas. Nada más, y nada menos.
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Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica profesional. El diagnóstico de la zona, la indicación quirúrgica y los plazos de carga tras una fractura del quinto metatarsiano los establece tu traumatólogo.
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