Respuesta corta: la artrosis es desgaste —el cartílago se adelgaza con los años— y duele al usar la articulación. La artritis es inflamación, y en las formas crónicas como la artritis reumatoide es el sistema inmunitario el que ataca la articulación: duele en reposo y de madrugada, con rigidez matutina prolongada. No es una distinción de matiz: en una artritis inflamatoria, llegar pronto al reumatólogo evita un daño que después no se recupera.
Lo primero: cuándo no se puede esperar
Acude a urgencias el mismo día si una articulación presenta:
Dolor intenso de aparición rápida, con hinchazón, enrojecimiento y calor, sobre todo si se acompaña de fiebre, escalofríos o malestar general, o si te cuesta moverla por el dolor. Hay que descartar una artritis séptica: una infección dentro de la articulación, que puede destruir el cartílago en cuestión de días y que necesita tratamiento inmediato. El riesgo es mayor si llevas una prótesis articular, si te han infiltrado recientemente, si tienes diabetes o si tomas tratamiento inmunosupresor.
Dos matices, porque son los que hacen que esta urgencia se escape. El primero: no hace falta tener fiebre. Muchas artritis sépticas no la dan, sobre todo en personas mayores o con tratamiento inmunosupresor. El segundo: si ya tienes una artritis diagnosticada, la señal es que una sola articulación se descuelgue del resto y vaya mucho peor que las demás, aunque las otras estén tranquilas. Y no des por hecho que es «tu gota de siempre»: una crisis de gota y una infección se parecen tanto que solo se distinguen analizando el líquido de dentro, con una punción. No empieces antibióticos por tu cuenta antes de que te vean, porque enturbian el diagnóstico.
Si llevas una prótesis, cuenta además la forma callada: una articulación protésica que nunca terminó de dejar de doler, o que vuelve a doler después de unos meses buenos, merece que la revise tu cirujano aunque no haya fiebre ni enrojecimiento. Ahí la infección puede ir de bajo grado y dar la cara solo como dolor que no se va.
Pide cita con tu médico sin dejarlo pasar semanas si tienes:
1. Rigidez matutina de más de media hora que mejora conforme te mueves. Es uno de los signos que más orientan a inflamación y no a desgaste.
2. Varias articulaciones hinchadas, sobre todo si es simétrico —las dos manos, las dos muñecas—. La artrosis no suele comportarse así.
3. Dolor articular con síntomas generales: cansancio importante, febrícula, pérdida de peso, sequedad de ojos y boca, lesiones en la piel o en las uñas, o inflamación de un dedo entero «en salchicha».
4. Dolor articular inflamatorio en una persona joven. La artrosis primaria es infrecuente antes de los 45-50 años; una articulación inflamada a los treinta merece estudio.
5. Dolor que no encaja en ninguna de las dos columnas. Un dolor constante, que va a más semana a semana, que no cede con el reposo ni mejora al moverse, que despierta de noche y no se alivia cambiando de postura, o que se localiza en el hueso más que en la articulación. Pesa mucho más si se acompaña de pérdida de peso, si has tenido un cáncer antes —mama, próstata, pulmón, riñón o tiroides— o si notas un bulto duro junto a la articulación. En un adolescente o un adulto joven, un dolor así alrededor de la rodilla o del hombro tampoco es «cosa del crecimiento». No es lo frecuente, ni de lejos, pero hay que descartar que el problema esté en el hueso y no en el cartílago, y para empezar suele bastar con una radiografía. Y ve a urgencias si el hueso ha cedido con un gesto mínimo —un mal paso, levantar una bolsa— y el dolor te impide apoyar o mover: un hueso que se rompe sin un golpe que lo justifique hay que estudiarlo. Mientras eso no esté aclarado, sobre esa zona no se aplica magnetoterapia.
Qué le pasa a la articulación en cada caso
En la artrosis el protagonista es el cartílago, la capa lisa que recubre los extremos del hueso y permite que la articulación se deslice sin rozamiento. Con los años, la sobrecarga o una lesión previa, ese cartílago se adelgaza y se fisura. Cuando deja de amortiguar, el hueso que hay debajo recibe cargas para las que no está preparado: se endurece, forma osteofitos (los «picos de loro») y a veces responde con edema óseo. Hay inflamación, sí, pero es secundaria al problema mecánico y suele ser de baja intensidad.
En la artritis reumatoide —el ejemplo típico de artritis inflamatoria crónica— el orden se invierte. El problema empieza en la membrana sinovial, el tejido que tapiza la articulación por dentro y produce el líquido que la lubrica. El sistema inmunitario la ataca por error, esa membrana se inflama y prolifera, y desde ahí acaba erosionando el hueso y destruyendo el cartílago. Es decir: aquí la inflamación no es una consecuencia, es la causa. Y por eso el tratamiento no va dirigido a la mecánica, sino a frenar esa inflamación.
Existen además otras artritis con reglas propias: la gota, por cristales de ácido úrico, que da crisis muy dolorosas y con frecuencia empieza en el dedo gordo del pie; la artritis psoriásica, asociada a la psoriasis; las espondiloartritis, que afectan sobre todo a la columna y a la pelvis. Todas comparten el patrón inflamatorio.
La tabla que resuelve la mayoría de las dudas
| Artrosis (desgaste) | Artritis inflamatoria | |
|---|---|---|
| Qué falla | El cartílago se desgasta | La membrana sinovial se inflama |
| El dolor | Aparece al usar la articulación y cede con el reposo | Aparece en reposo y de madrugada, y mejora al moverse |
| Rigidez matutina | Breve, unos minutos («arrancar» por la mañana) | Prolongada: más de media hora, a menudo una hora o más |
| Aspecto | Deformidad ósea dura, poca hinchazón | Hinchazón blanda, calor, a veces enrojecimiento |
| Distribución | Asimétrica; las que cargan (rodilla, cadera) y las manos | Suele ser simétrica y afectar a varias a la vez |
| En las manos | Nudillos de las puntas de los dedos y base del pulgar | Nudillos de la base de los dedos y muñecas |
| Síntomas generales | No | Cansancio, febrícula, pérdida de peso |
| Edad típica | A partir de los 50, va con los años | Cualquier edad, incluidos adultos jóvenes |
| A quién acudir | Médico de familia y traumatólogo | Reumatólogo, y cuanto antes |
Esta tabla orienta, no diagnostica: hay artrosis que se inflaman y artritis que debutan de forma atípica, y se pueden tener las dos a la vez. El diagnóstico se hace juntando historia, exploración, analítica y pruebas de imagen.
Por qué esto no es una curiosidad académica: en las artritis inflamatorias existe lo que los reumatólogos llaman la ventana de oportunidad. Empezar el tratamiento de fondo en los primeros meses cambia el pronóstico a años vista, porque las erosiones que el hueso sufre en ese tiempo no se recuperan. La consecuencia práctica es incómoda pero clara: si tus síntomas encajan con la columna derecha de la tabla, lo prioritario no es aliviar el dolor con nada — es que te vea un reumatólogo.
Cómo se trata cada una
En la artrosis, lo que más respaldo tiene es lo menos vistoso: ejercicio terapéutico adaptado —fuerza y movilidad—, control del peso cuando afecta a rodilla o cadera, educación sobre la enfermedad y analgesia para los brotes. Las infiltraciones tienen su sitio en casos concretos, y la cirugía —una prótesis— se plantea cuando el dolor y la limitación no se controlan de otro modo. Aquí encajan nuestras guías de prótesis de rodilla y prótesis de cadera.
En una artritis inflamatoria, el tratamiento lo dirige el reumatólogo con fármacos que modifican el curso de la enfermedad. La fisioterapia y el ejercicio acompañan —y son importantes para mantener función y evitar rigideces—, pero no sustituyen a ese tratamiento de fondo. Nada de lo que hagamos en fisioterapia frena una artritis reumatoide.
¿Y la magnetoterapia?
Distinto papel en cada una, y conviene decirlo con precisión.
En la artrosis se plantea como coadyuvante del dolor, con una evidencia que es modesta y que analizamos con detalle en la duda ¿es buena la magnetoterapia para la artrosis?. Es un uso razonable, sin promesas de regenerar cartílago — eso no lo hace.
En una artritis inflamatoria, la magnetoterapia no trata la enfermedad: no actúa sobre el mecanismo inmunitario que la causa ni sustituye a los fármacos del reumatólogo. Además, aplicar terapias sobre una articulación en brote —caliente e hinchada— no siempre está indicado. Si tienes una artritis inflamatoria diagnosticada y te planteas usarla como apoyo sintomático, coméntalo primero con tu reumatólogo: nosotros no vamos a enviarte un equipo sin esa conversación.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre artrosis y artritis?
La artrosis es un proceso de desgaste: el cartílago que recubre la articulación se adelgaza con los años y el hueso de debajo se resiente. La artritis es una inflamación de la articulación, y cuando hablamos de las artritis inflamatorias crónicas —como la artritis reumatoide— el origen es que el sistema inmunitario ataca la propia articulación. Una es mecánica y la otra es inflamatoria, y por eso el tratamiento no se parece en nada.
¿Cómo puedo sospechar cuál tengo?
La pista más útil es cómo se comporta el dolor. En la artrosis duele al usar la articulación y mejora con el reposo, y la rigidez de la mañana dura poco, unos minutos. En una artritis inflamatoria duele más en reposo y de madrugada, la rigidez matutina es prolongada —más de media hora, a menudo una hora o más— y mejora al ir moviéndose. Además la artritis suele dar hinchazón, calor y afectación simétrica, y puede acompañarse de cansancio o febrícula.
¿Por qué importa tanto distinguirlas?
Porque el reloj corre de forma muy distinta. La artrosis se maneja con ejercicio, control del peso, analgesia y, llegado el caso, cirugía. Una artritis inflamatoria necesita un reumatólogo y un tratamiento de fondo que frene la enfermedad, y ahí los primeros meses son decisivos: tratar pronto evita daño articular que después ya no se recupera. Confundir una artritis con «desgaste» y esperar es lo que peor pronóstico da.
¿Puedo tener las dos a la vez?
Sí, y no es raro. Una persona puede tener artrosis por edad en las rodillas y desarrollar además una artritis inflamatoria, o tener una artritis de años de evolución que ha dejado la articulación dañada y con artrosis secundaria. Por eso el diagnóstico lo hace el médico juntando la historia, la exploración, los análisis y las pruebas de imagen, no una lista de síntomas de internet.
¿Sirve la magnetoterapia para las dos?
No de la misma manera. En la artrosis se plantea como coadyuvante del dolor, con una evidencia modesta que explicamos aparte. En una artritis inflamatoria activa, la magnetoterapia no trata la enfermedad de fondo —eso lo hacen los fármacos que paute el reumatólogo— y aplicar cualquier terapia física sobre una articulación inflamada y caliente no siempre es buena idea. Si tienes o sospechas una artritis inflamatoria, consulta antes con tu reumatólogo.
¿Y si la articulación está caliente, roja y me duele muchísimo?
Eso no es artrosis y no admite espera. Una articulación con dolor intenso, hinchada, roja y caliente, sobre todo si hay fiebre o malestar general, obliga a descartar una artritis séptica, que es una urgencia médica: una infección dentro de la articulación puede destruirla en días. Acude a urgencias el mismo día.
La opinión de nuestro fisioterapeuta
Esta confusión la veo cada semana, y casi siempre en la misma dirección: alguien llega diciendo «tengo artritis» refiriéndose a un desgaste de rodilla, o —lo que me preocupa de verdad— alguien de cuarenta años que lleva meses con las manos hinchadas por la mañana y a quien le han dicho que es «cosa de la edad». Ese segundo caso es el que me hace parar la consulta y mandar al médico, porque ahí el tiempo cuenta de una manera que en la artrosis no cuenta.
Con la magnetoterapia soy igual de claro. En una artrosis de rodilla o de manos me parece una ayuda razonable para el dolor, y así se lo digo: ayuda, no cura, y no le va a regenerar el cartílago. En una artritis reumatoide activa no le voy a alquilar nada sin que su reumatólogo lo sepa. No es una cuestión de precaución excesiva: es que en esa enfermedad lo que cambia el futuro de sus articulaciones está en la consulta del reumatólogo, no en mi almacén.
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Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica profesional. El diagnóstico diferencial entre artrosis y artritis corresponde a tu médico.
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